viernes, 22 de enero de 2016

UN ARTICULO QUE VALE LA PENA LEER

Los mercados financieros entraron en pánico ante una brusca desaceleración económica que aún no ha hecho acto de presencia, y que puede que no lo haga. Varios de las bolsas más importantes del mundo, como las del Reino Unido y Japón, están en territorio bajista, es decir, han retrocedido 20% desde su máximo. El Promedio Industrial Dow Jones acumula un descenso de 9,5% este año.
Sin embargo, si no hay señales de un estrés similar en la economía general, ¿por qué prestarles tanta atención a los mercados? Hay tres posibles razones por las que la ola de ventas en los mercados podría apuntar a preocupaciones económicas más amplias.

La primera es que se avecina una recesión, aunque todavía no aparece en los datos. Podría ser el turno de Estados Unidos, cuya expansión económica es la cuarta más prolongada de su historia y el mercado de valores es un indicador que anticipa, si bien propenso a errores, una recesión.
No obstante, las cifras de la economía no se están comportando como lo hacen en una fase previa a una recesión. Aunque el crecimiento de EE.UU. fue probablemente cercano a cero en el último trimestre de 2015, la generación de empleo se aceleró. La confianza del consumidor subió a principios de enero a pesar de las ansiedades sobre el mercado. La vivienda sigue siendo sólida: el número de permisos expedidos para nuevas construcciones aumentó en diciembre.

¿Qué pasa con el resto del mundo? “Un colapso del crecimiento en China... sería un evento determinante”, señaló recientemente Olivier Blanchard, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional. “Pero simplemente no hay ninguna evidencia de tal colapso”.
Es cierto que el crecimiento de China cayó en 2015 a 6,9%, su menor nivel de los últimos 25 años, pero esa es la tasa a la que el gobierno había apuntado por largo tiempo. Los datos de importaciones y exportaciones de diciembre sugieren que la economía se está estabilizando.

Las encuestas a los gerentes de compras de todo el mundo que elaboran J.P. Morgan y Markit muestran que la actividad global se frenó un poco en diciembre, pero a un nivel consistente con una tendencia de crecimiento normal a largo plazo.
Una caída de varios años en los precios de las materias primas y las exportaciones relacionadas ha hecho retroceder la actividad manufacturera en EE.UU. y en otras economías. Pero el derrumbe de los precios del petróleo tiene menos que ver con la disminución de la demanda —en realidad, el consumo chino sigue creciendo— que con un exceso del suministro.

El colapso de los precios a su vez ha castigado la inversión en energía. Torsten Slok, economista de Deutsche Bank estima que ha caído desde 10% a 5% del total de las inversiones de capital. Eso significa que no puede descender mucho más.

La segunda posibilidad es que en lugar de que la debilidad económica esté provocando un pánico financiero, sea el propio pánico el que conduzca a una crisis o recesión. El desplome en el precio del crudo, por ejemplo, ha impulsado un salto en los rendimientos de los bonos emitidos por compañías energéticas y no energéticas. El diferencial entre los súper seguros rendimientos de letras del Tesoro de EE.UU. y los levemente menos seguros préstamos interbancarios en dólares a tres meses, conocidos como “TED spread”, un indicador de estrés financiero, ha subido.

Por otro lado, los bancos tienen poca exposición al sector de energía en comparación con la crisis de las hipotecas subprime en 2008 o la deuda de América Latina en 1982. Los reguladores los han obligado a reforzar sus reservas de capital y de liquidez.

La tercera posibilidad es que los mercados están perdiendo la confianza en los responsables de políticas, impulsados en particular por los acontecimientos en China y EE.UU.
Los líderes chinos cometieron errores en sus esfuerzos para impedir que la burbuja bursátil se desinflara y confundieron al mundo al devaluar el yuan en agosto pasado y de nuevo este mes. La política monetaria china es opaca y politizada, lo que significa que los extranjeros son escépticos ante la versión oficial de que todo es parte de un movimiento hacia una tipo de cambio determinado mayormente por el mercado. “Colectivamente, hemos perdido fe en la capacidad de las autoridades chinas para hacer siempre lo correcto”, dice Ángel Ubide, un ex gestor de fondos de cobertura que ahora se desempeña en el Instituto Peterson de Economía Internacional.

La Reserva Federal es transparente e independiente, pero los mercados no están de acuerdo con sus planes. En diciembre pasado, con un desempleo de 5%, comenzó a aumentar las tasas de interés de corto plazo con la intención de elevarlas a entre 2,5% y 2,75% hacia finales de 2017.
No obstante, la caída del precio del petróleo aleja aún más la meta de inflación de 2% de la Fed, con lo cual los mercados creen que la entidad se demorará más en normalizar las tasas.

La determinación de la Fed de subir las tasas es un viento en contra para el mercado de valores en lugar del viento de cola que había provisto con sus múltiples rondas de estímulo desde 2008.
Esto no es necesariamente un problema para la economía. En una reciente nota a sus clientes, Stephen Jen , que dirige la firma de asesoría de divisas SLJ Macro Partners, cuestionó la idea de que una ola de venta de acciones pueda justificarse sólo por la debilidad económica. “Podríamos hacer la pregunta opuesta de si Estados Unidos y la economía global han mejorado realmente 200% desde 2008, o 20% desde el máximo de 2007?”, aseveró.

Una preocupación más grande es que si se avecina una recesión o una crisis, los bancos centrales y los gobiernos no puedan, o no vayan, a ayudar. Los líderes de China descartaron una nueva ronda de gasto fiscal y créditos. La munición de la Fed equivale sólo al cuarto de punto porcentual de la tasa de interés que puede reducir, y otros bancos centrales no tienen ni siquiera eso.

Andrew Balls, ejecutivo de la gestora de fondos Pimco, sostiene que los mercados deberían revertir la tendencia cuando los precios hayan bajado lo suficiente o cuando anticipen alguna especie de “interruptor” que detenga las caídas como un recorte de tasas del banco central. “Estoy preocupado por la falta de interruptores en los bancos centrales”, señaló.